Dormir en paz

Para la noche en que el oficio terminó y el sueño no llegó: una página corta, porque a esta hora no hace falta leer mucho — hace falta soltar algo.


Salmo 4, versículo 8 · Nueva Versión Internacional En paz me acuesto y me duermo, porque solo tú, Señor, me haces vivir confiado.

La preocupación que quiere velar contigo

El Salmo 4 conoce a esa multitud. Henry describe a la gente del versículo 6 como quienes quieren bien exterior, bien presente, bien parcial, buena comida, buena bebida, un buen negocio y una buena hacienda; ¿y cuánto valen todas estas cosas sin un buen Dios y un buen corazón? La alternativa que ofrece no es un inventario mejor, sino uno más corto: Cualquier bien le basta a la mayoría de los hombres, pero un alma llena de gracia no se deja despachar así. Entonces uno encomienda todos sus asuntos a Dios y deja con contentamiento el desenlace en sus manos.

Fíjate en lo que eso hace con la lista que te tiene despierto. La preocupación trabaja como un inventario: repasa lo que falta, una cosa tras otra, y cada vuelta lo alarga. El salmo no discute el inventario — lo entrega. No dice que tu asunto no importe; dice que ya tiene guardián, y que no eres tú. Por eso puede haber paz sin que haya solución todavía.

Tres gestos para esta hora

Primero, di el asunto en voz alta, con su nombre feo y completo — a Dios no se le informa, pero a ti te ordena decirlo. Segundo, entrégalo con una frase corta, la tuya o la del salmo; no negocies el desenlace, deja el desenlace. Tercero, no vuelvas a tomarlo: si la mente regresa por él, repite la frase corta, no el inventario. Dormir no será tu logro de esta noche; será la consecuencia de haber soltado.

Y si la noche se repite, reza el oficio entero, despacio: la oración de la noche paso a paso, o el Salmo 4 explicado para entender de dónde viene esta paz.